Que te dejes de gilipolleces ¡hombreya!

Ha llegado a mis manos y ojos este corto a colación del post anterior… (gracias Lu, lofiuuuu)

Es de Ismael Curbelo y… merece la pena escuchar a esa yaya

UnDosTres EsconditeInglés SinMoverLasManosNiLosPies

Hola. Te escribo desde 2014 y la primera noticia es que estamos vivas.

Ahora tienes-tengo 15 años: tienes un montón de cosas por delante. Según “Regreso al futuro” conocer el futuro puede condicionar tu presente. Estás a tiempo de dejar de leer. Si quieres continuar, adelante. Trataré de no hacer muchos teasers.

Ojalá nunca pruebes ese cigarro que te va a ofrecer Leticia. Una noche vas a estar sentada con amigos en unas escaleras. Tú no estás muy contenta por algo que te pasará en casa esa semana. Bien, pues cuando te digan “fúmate un cigarro y bébete dos mil cervezas”, simplemente sigue diciendo NO, como hasta ahora. Acuérdate de lo que te gusta patinar y de lo que detestas el tabaco.

Disfruta más de las cosas. Trata de no pensar en paralelo. Arriésgate más para tomar decisiones. Y sí, una decisión implica anular la otra opción. Pero sospecho que esas son las reglas del juego. Ojo, que vas a tomar una cantidad de decisiones de mierda considerables, pero tómalas más con la cabeza y menos con el corazón.

Invierte más tiempo y esfuerzo en esas ideas que Joaquín y el resto te dice que son tan buenas. Un día te-me lo agradecerás.

Vale, esto léelo con atención. Vas a vivir un momento en tu vida bastante confuso y convulso: NO es tu culpa. No pasa nada. No tengas tanto miedo. No te construyas un caparazón porque luego lo vas a tener que derribar y es un puto coñazo de largo y trae muchas lágrimas. La idea es que no pienses para atrás, sólo trabaja en lo que tienes delante. Y sabes hacerlo.

Pasa más tiempo con los abuelos… ya estarás entendiendo por qué te lo digo. Echar de menos forma parte de la vida. Ve a verlos cuando termines de leer esto y quédate abrazada a ellos. Esto te va a sonar super moñas, lo sé, pero trata de grabar ese momento en tu cabeza. No recuerdo muy bien si ya lo has hecho con 15 años o lo vas a hacer en breve pero pregúntales si han sido felices. De sus respuestas vas a sacar cosas muy importantes. Apúntalas en el cuaderno amarillo.

Ahora estás en la adolescencia y te ha pillado el grunge de pleno. Vale; buena música (¡Ay, por cierto! Cuando hagas la mudanza de la calle madera, revisa dentro de la cadena de música para no dejarte dentro el disco de Sonic Youth) Intenta no preocupar a papá y mamá mucho. Diles que les quieres y lo afortunada que eres por tenerlos. Que nunca te escuchen llorar ni decir: no puedo más. Te han enseñado justo a lo contrario.

Vas a encontrar a muchas personas alucinantes por el camino. En eso vamos a ser muy afortunadas. Ahora no lo vas a entender pero es importante que sepan que les quieres mucho. Volvemos al punto de la coraza que te decía anteriormente: no la construyas. Da más abrazos y más besos y permítete recibirlos.

Me tengo que ir ya. Para acabar te hago un resumen: no tengas tanto miedo a las mierdas y confía en ti y en la gente que quieres. Trata de ser más consciente de lo feliz que eres.

Un beso.

Posdata: ¿Sabes que el Real Madrid lleva desde 1966 sin ganar una Champions? (Creo que para ti es Copa de Europa) Vale, en 2014 atenta a un chico que se llama Sergio Ramos y a un córner de Modric.

Conversaciones con gente inquietante. Capítulo I

The moment you doubt whether you can fly, you cease for ever to be able to do it

  • Hoy nos visita al plató Peter Pan, personaje y concepto. Buenas tardes, Peter. Me gustaría que te presentaras, para no desvirtuar con interpretaciones subjetivas.
  • Es complicado autodefinirse sin sentirte como un auténtico gilipollas, pero trataré de hacer conmigo mismo una excepción. Me llamo Peter Pan y soy un personaje literario y teatral creado por James Matthew Barrie. Vivo entre la realidad de un escrito de ficción y el país de Nunca Jamás. Se ha creado en torno a mí una leyenda de que puedo volar y que me niego a creer, pero justo he venido aquí a desmentirlo. Mas bien a matizarlo.
  • Puedes empezar explicando tu capacidad de volar. Se supone que lo consigues con pensamientos bonitos y polvo de hadas.
  • Bueno, bueno, ¿Quién ha hecho esa interpretación naïf? ¿Rita Irasema? Una cosa es consecuencia de la otra y al revés. Es algo así como una paradoja. Cuando estás feliz es más fácil ver las cosas bonitas. Y hay que hacer un esfuerzo por verlas bonitas según está el panorama. Así que si te esfuerzas en pensar en positivo verás las cosas bonitas. Eso es volar: Ver desde arriba de lo que eres capaz. El aire es un fluido y para estar en él hay que mantenerse en movimiento. Eso es volar. Eso es vivir.
  • Quizás algo confuso, ¿no te parece?
  • ¿Lo quieres más esquematizado? Uno tiene la capacidad de volar, de hacer cualquier cosa, cuando está contento o no-triste. Cambiar eso es empezar a volar. Para el resto, hay aviones.
  • ¿Y sobre madurar? En el cuento sales volando por la ventana cuando eres bebé porque tus padres tienen una charla de las cosas que tienes que hacer cuando seas mayor.
  • No me niego a crecer. Me jode crecer, que es una cosa distinta. ¿Qué es madurar? ¿Que alguien, arbitrariamente, pueda opinar sobre si tu actuación o pensamiento es maduro? ¿Cómo se madura? ¿Cuándo? Y la pregunta del millón ¿por qué y para qué?
  • Contéstate tú mismo.
  • Mira, parece que hay unos parámetros establecidos sobre la vida. Naces, juegas, pero ¡ojo! no te manches mucho ni seas “todo lo niño” que tienes que ser, porque ya eres un proyecto. Un proyecto de otra persona, el proyecto de tus padres, de la sociedad, o del Estado. También eres un proyecto de un individuo por hacer, pero que hay que modelar. ahí es donde te digo que no es que me niegue a crecer, es que no quiero hacerlo de esa forma.
  • En cuanto a lo malo: Se te ha definido como una persona egocéntrica, vanidosa y particularmente cabezota.
  • Créeme que todos lo somos. Egocéntrico: vale, es verdad. Convivo conmigo 24 horas al día y me tengo presente. Vanidoso: me gusta esa convivencia, así que me felicito a mí mismo por las cosas que consigo. Y cabezota: pues tengo 13 años, es el momento, ¿no? Igual estamos confundiendo términos. Con 13 años no esperéis de mí una coherencia, es más, he de equivocarme y analizar los resultados. Esa coherencia yo no la espero de vosotros. Mirad a vuestro alrededor… ¿Es la edad la que determina la coherencia?
  • Hablemos de Wendy…
  • Hablemos de Wendy. Mi querida amiga. Que ella sienta una atracción por mí y yo no hacia ella le convierte, de inmediato, en la víctima de un complot para hacerme un “inmaduro” ¿Soy un cabrón que no tiene sentimientos porque quiero a mi amiga pero no la amo? ¿Te ha pasado alguna vez? Por favor, medita la respuesta.
  • A lo mejor ella pensó que tú…
  • ¡Ahí lo tienes! Interpretó. Cuando ella me besa, yo me aparto. Ella me viene a besar a mí. Es ella la que sobrepasa la línea. Yo a Wendy la quiero. Incluso hago el ejercicio de entender por qué su objetivo en la vida es ser madre. ¿Por qué su objetivo vale más que el mío? ¿Porque la sociedad ve mejor que una mujer quiera ser madre? ¿Cómo y quién cuantifica el valor, o califica la idoneidad de los objetivos? ¿Hago daño a alguien con el mío?
  • Suena un poco a reproche…
  • No le reprocho nada. Ya sabes, otra leyenda “la traición de Wendy”. Ella se hace mayor y tiene hijos. ¡Claro que me chocó al enterarme! La había conocido en una realidad y ahora su rol ha cambiado. Sólo su rol. Ella siempre ha actuado de “madre” de todos. ¿No te chocó a ti ver en Facebook cómo tus compañeros del cole ahora son padres? Tú les conociste de niños.
  • Pero esa es una fase más de madurar: Aceptar el compromiso.
  • Y lo acepto, pero cuando, cómo y con quien yo quiera. ¿Tan difícil de entender es que no quiero vivir como la mayoría ha elegido? ¿Me permitís que elija yo también? Gracias.
  • Interesante. Para terminar, Peter. La señora Darling dice que escuchó que tú eres el encargado de llevar a los niños, cuando mueren, a su destino. ¿Qué nos puedes decir de esto?
  • Cuando me muera, te cuento quién me lleva a mí… Se lo contaré a Iker Jiménez en prime time… Si esto es interpretación del rollo “les acompaño en su muerte de la infancia hasta la edad adulta” creo que habéis caído en un error: Nunca se deja de ser niño. Y si así lo eliges es que están matando una parte de tu vida.
  • ¿Algo que quieras añadir para cerrar la entrevista?
  • Seguid jugando siempre. Una caja puede convertirse en un fantástico coche de carreras; no lo veas sólo como un sitio donde se guardan los ahorros. Sigue viendo todo con la ilusión del que lo ve por primera vez. Todos nacemos sabiendo volar; sólo hay que recordar cómo se hace. Y seguid creciendo. Pero sólo como vosotros queráis que sea.

Peter Pan

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De lo de la felicidad

Hoy he leído un artículo de la web “Qué aprendemos hoy” firmado por Marta Guerrero Candel: “¿Te atreves a ser feliz? 100 consejos para alcanzar la felicidad”.

Únicamente añadiría que tan sólo son necesarios 21 días para adoptar un nuevo hábito en tu vida.

Queridos Reyes Magos

Antes de nada aclarar un par de cosas: sí, soy republicana. Pero vosotros sois magos. Hagamos un intercambio; yo me como lo que pienso de la monarquía y vosotros me ayudáis, ¿os parece? Sé que me adelanto un poco respecto al horario previsto. Pero os escribo en octubre para daros margen. Podéis reservar el Operando, que llevo más de 30 años pidiéndooslo.

Os quiero pedir unas gafas ¡No, no! ¡Mejor unas lentillas! Este año he visto todo muy desenfocado, muchas veces gris, y me gustaría volver a ver el mundo nítido y brillante. Bonito, como hace tiempo. Pero prefiero lentillas, porque eso significa que ya me he curado de estos orzuelos tan molestos.

También uno de esos regalices dulzácidos gigantes para saborear lo que amarga, pero que te deja un sabor dulce en la boca. Los que más me gustan son los de cereza.

Una mochila más pequeña, pero donde quepa mi ordenador nuevo, mi cuaderno, mi estuche y mi teléfono. Os sorprenderá tanto adjetivo posesivo: es que hay mochilas muy grandes y a veces se quedan los “mis” en el fondo y dejo arriba los “tus”.

Una crema superhidratante. Este año me está costando sonreír y, para cubrir todos los frentes, prefiero asegurarme de que no es porque mi piel no quiere estirar.

Un jersey para no sentir frío cuando llegue alguna decepción. También una bufanda, para cuando esa decepción sea por una persona, tener la garganta bien caliente para hablar o que me pueda tapar la boca si es oportuno.

Un despertador, para no perder ni un día más dormida.

Quiero seguir teniendo los brazos fuertes para abrazar, unas piernas para llegar corriendo a donde tenga que ir y los oídos, la garganta y los dedos intactos para poder escuchar, hablar y escribir. Así que me gestiono yo misma unas vitaminas. Que no falte el trabajo.

Soy consciente de la dificultad de envolver este regalo, pero me lo podéis ir dando poco a poco durante todos los días. Os pido paciencia, mucha. Este año la estoy gastando toda.

Un puzzle para seguir aprendiendo a encajar.

Vamos a ver, no sé qué mano tenéis en lo del azar o si conocéis a alguien en ese departamento. Pero una quiniela de 15 o un euromillones me harían un arreglo acojonante.

El resto de la carta son peticiones para los demás: para mi familia, mis amigos y para toda la gente que quiero. Por favor, poned atención a eso porque una parte importante de mi felicidad y mis regalos se van a acentuar si ellos están bien.

Gracias de “antebrazo” por todo y nos no-vemos la noche del 5 de enero.

Besos republicanos.

Pd: No dejéis que salga ni un concejal blanco más pintado de negro. Irónicamente, ellos lo que saben es blanquear.

La eme con la a, mal

Cuando era pequeña no sabía distinguir el 2 del 5. Más bien los dibujaba como si los viera en un espejo. Muchos Cuadernillos Rubio después, conseguí entender que no es lo que tú veías o cómo lo veías, sino lo que el resto del mundo entendía cuando los dibujabas. Si me lo hubieran explicado así desde el principio, el error se hubiera solucionado.

Tampoco entendía por qué se desperdiciaban tantos cuadraditos del papel milimetrado. La profesora no se podía explicar por qué empezaba la línea donde yo quería. Cuando le iba a explicar mi teoría de “los cuadraditos que no se utilizan, ¿para qué los ponen?” ella me asestó: “te haces muchas preguntas tontas y revolucionas la clase”. Así que se dedicó a coger mi cuaderno y señalarme la línea donde tenía que empezar mis frases. Yo seguía mirando con pena los cuadraditos vacíos e imaginando otro futuro para ellos, pero entendí que seguir lo establecido te evita problemas.

Ayer, con un calor demente en Madrid, me puse a buscar explicación a cosas importantes: Como los cuadraditos de mi cuaderno. Y llegue a la conclusión de que la vida está llena de pistas que no sabemos descifrar. El mundo es como un escrito japonés. Sí ves las cosas, sí intuyes que significan algo, pero igual pone “la vida es maravillosa” como “pollo al limón con salsa de ostras”.

Por ejemplo, los aviones. En mi caso, detesto volar. De hecho, esquivo los vuelos casi con elegancia. Sin embargo, los aviones estuvieron y están tan, tan, tan presentes en mi vida que me sorprende ser una aerofóbica declarada. Incluso llevo uno de llavero. ¿Cómo traduzco esto? ¿Voy a protagonizar Viven? De ser así, ¿seré caníbal o me servirán en plato de postre?

O, por ejemplo, hace poco soñé con una avispa. La avispa tenía mi tamaño y estaba en la misma habitación que yo. Pasábamos la una de la otra, hasta que me lanzó un balonazo a la cara. El sueño se transformó en una batalla épica a muerte entre la avispa y yo. Pensé, pensé, pensé porque el sueño me parecía extrañamente familiar por algo… y alguien llevaba el otro día una camiseta de rayas. Y ese alguien no sabe cuánto daño me ha hecho. O sí lo sabe, pero supongo que no es consciente de cómo mi subconsciente acabó con ella. Este es un caso de cómo leer las pistas.

El último ejemplo me viene a la cabeza por algo que pasó este último mes. Mientras estudiaba trabajé en varios sitios. Eran trabajos de estudiante, pero me permitían ganar dinero y estudiar en mi puesto de trabajo. Dos de esos trabajos me han servido en este mes. Uno, por el trabajo en sí y cómo me prepararon para él. Y el otro, porque he podido trabajar en un proyecto que se refería justo a lo que se dedicaba esa empresa.

Todo pasa por algo. O como me dijo una vez un compañero, amigazo y gurú del medio: No busques casualidades, busca causalidades.

Pues en esto estoy ahora mismo. Sigo preguntándome los por qués de muchas cosas. Y tratando de entender el código de lo que me rodea. Mientras, sigo escribiendo en el cuaderno en el cuadradito que me apetece. Un día encontraré la forma de que esos cuadraditos tengan su sitio.

((Tómate quince minutos para ti. Y disfruta del discurso de Steve Jobs en Stanford en 2005. En especial, de la primera teoría))

Cine-manías

Si a una persona se la conoce por el libro que le encantó, su canción preferida y su película favorita, creo que el romanticismo y yo tenemos un serio problema freudiano. Las películas de amor, por lo general, me provocan pereza. No me suelo identificar con los protagonistas ni me dan un punto de vista distinto de ese sentimiento. De hecho, tengo varias pelis de audiencia y gustos masivos que no puedo soportar. Eso me da que pensar: el amor está demasiado uniformado en el celuloide. Hay maravillosas excepciones, pero como hoy estoy “chungamorosa” prefiero focalizar en los amores ridículos.

Es el caso de Amelie; me parece una película absolutamente idiota. La protagonista es medio mongola, la historia me resulta tediosa y la estética, copiada hasta la saciedad, me cansa e incomoda. Ideal para personas que te hablan de molduras, cupcakes y centros de mesa. Sabes que, de esa conversación, sólo vas a sacar unas ganas tremendas de pedir otra cerveza.

Dirty dancing; llámalo polvo por compasión. Una tía súper gris se enamora del profesor de baile y aprende a bailar mientras se despoja de trabas sociales y se desvirga de paso. La moraleja es que la potencial rescatada es la heroína del potencial rescatador. O algo así, porque la atracción de los protagonistas me pareció tan forzada como la relación Esperanza Aguirre – Gallardón.

Moulin Rouge; sencillamente un coñazo. No me gustan los musicales, me agobio. Pero agobio de querer morir ahogada en mi propio vómito. No me acuerdo de la trama, pero sí de que Ewan McGregor canta genial y sale muy mono en pantalla. Este dato dice poco de mí, pero si te gusta la peli, también dice poco de ti.

Titanic; esta peli creo que es la excusa para que James Cameron se gastase una pasta en las cámaras que rastrearon el Titanic hundido. No es que la chica millonaria fuera una rebelde que se enamora del chico pobre porque el amor no entiende de capas sociales. Es que su novio es un chungo y el pobre es Leonardo Di Caprio. ¿Hubiera cambiado la historia si el chico pobre fuera un tío poco agraciado? Pues la peli sería un documental de catrástrofes. Los cuernos más consentidos por la audiencia de la historia. De lo de que él cupiera en el tablón de madera, hablaremos otro día. Película ideal para dormirla después de comer.

Los puentes de Mádison; otra de las películas en las que la audiencia, extrañamente, aplaude una infidelidad. Vamos a ver; ¡Que es Clint Eastwood! ¡Que este señor mola fuerte hasta comiendo limones! Cómo no te vas a enamorar de un fotógrafo del National Geographic! Que ha sido Harry el sucio, que ha sido Frank Morris y Joe Kidd. Vamos que tú eres una palurda de pueblo inmundo de EEUU que tienes como máxima tarea del día hacer compota de manzana. No sé si lo que chirría es el casting o la historia en sí, pero su visionado merece tener un arco y unas flechas cerca. Y usarlas.

Notting Hill, parto de un protagonista que cae bien. Y que tiene una de las escenas que más me gustan del cine; el paso y paseo por las cuatro estaciones. La película es un coñazo mojabragas, clasista y calzonazos. Si aguantas hasta el final del plan de “peli y mantita agustico” te mereces más que nunca ese polvo prometido.

Tienes un e mail, también conocido como tienes gonorrea cuando acabes de verla y también un virus en el ordenador que te va a freír el disco duro. Atención al binomio Tom Hanks y Meg Ryan que te puede provocar diabetes hasta en el paladar. Enamoramiento por intercambio de misivas. Un remake de “El bazar de las sorpresas” que merece un poquito más la pena. Bueno, pues después de aguantar muchas tonterías, se enamoran y tal y te imaginas a la pareja chalet adosado-perro de scottex-hijos memos-monovolumen y me aburro como una ostra así que vamos a acabar como la prota de Los puentes de Mádison; en cuanto pase uno, me lo tiro.

El diario de Bridget Jones, se supone que es un guiño a Orgullo y Prejuicio (pobre Jane Austen) El diario de una treintañera con serios, aunque divertidos, problemas de estabilidad mental. El casting mola, la bso también y alguno de los gags. Está bien para pasar una resaca y no tener que usar más de dos neuronas.

A lo mejor no todo el amor es Kramer contra Kramer pero me quedo con este fragmento de Manhattan…

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La fidelidad (del S.XXI)

Ante una infidelidad he visto reaccionar de tantas formas diferentes como personas se han enfrentado a ella. Sin embargo, pocas veces he visto preguntarse al que sufre la infidelidad qué ha hecho mal. Tú, que llevas la cornamenta, no has sabido mantener la ilusión, equilibrar las expectativas, conseguir fidelizar. Pero no te hablo a ti, que seguro has sido, eres o serás una víctima de la deslealtad y la traición de alguna pareja. Te hablo a ti, marca. Que te has gastado una pasta obscena en el cortejo, inundando parrillas de televisión y forrando ciudades con tu producto. Que has hecho lo imposible para conocer mejor al cliente. Has invertido tiempo y dinero en preparar a los intermediarios para mimar a tu producto, carantoñear a tu target, en… ¿amarle y respetarle todos los días de tu vida?

Pues un buen día, ese cliente que ayer se le caía la baba hablando de ti a sus amigas, se va con otro. Con una marca blanca, o con tu peor enemigo. Pues sí; algo habrás hecho mal, marca.

A día de hoy sigo siendo fiel a algunos productos y marcas: los que equiparan mis expectativas con la realidad:

Nivea: La del tarro azul. Estaba en casa de mis abuelas, de mi madre y en la mía. El olor y la textura míticos. Lo uso para mil cosas, incluso para hacer una mascarilla en el pelo cada tres meses. Utilizo bastantes más productos de esta marca, pero fidelidad absoluta al tarro azul. Debo tener hasta balones de playa.

Abéñula: de pequeña me escocían mucho los ojos por la noche. Mi abuela me lo echaba en las pestañas y me aliviaba. Sigo usándolo cada noche desde entonces. Desmaquilla, hidrata el párpado y las pestañas y calma el picor. Me gusta mucho el rollito vintage del tubito.

Leti balm: para los labios y la nariz cuando estoy constipada. Encantada con la marca: siempre en mi bolso y en la mesilla de noche.

Kiehl’s: Muy satisfecha, buenas cremas y buenos resultados. Además siempre me regalan una muestra y ese tipo de detalles me gustan: son buenos para el cliente y para la marca.

Sony: Play Station, teléfono, walkman, discman, cintas vhs y de cassette, grabadoras, cámaras… Es psicológico, pero veo Sony y ya sé que puedo confiar. Y lo voy a seguir haciendo, obvio.

Pilot: El pilot negro de punta fina. Tengo mil bolígrafos, incluso de marcas buenísimas (Parker). Me quedo con la tinta, el diseño y la letra del pilot. Es como las gomas de Milán: cuando hay que rectificar, coges la figurita cuadrada-redondeada de tu mesa. Cuando hay que seguir con determinación: pilot.

Apple: He tenido un MacBook, que compré hace 8 años y sigue funcionando. Tengo un iPhone comprado hace 4 años y sigue perfecto. El único problema es la obsolescencia programada de esta marca. Ya no soy target, porque por mi parte cuido mucho las cosas, pero ellos programan los avances y, en ocasiones, no son parejos.

Mahou: La cerveza siempre Mahou. Sabor, textura y lo que implica “ser de Mahou”. Vas en el AVE y según se va acercando a Atocha ves el cartel: ya sabes que estás en Madrid. Y, como en el anuncio, cuando tienes una Mahou en la mano, es que tienes un amigo cerca agarrando otra. Acertadísimo el anuncio; perfecta conexión con el público objetivo.

El Corte Inglés: Lo pongo como marca que cubre a otros tantos productos de otras marcas. Sí, es más caro. Pero te ofrece una serie de beneficios a valorar como cliente: puedes cambiar un producto que no ha cumplido y no te ponen trabas, puedes fraccionar el pago, el estanco abre el domingo… Trabajé para ellos cuando tenía 17 años. Sé por qué funcionan las cosas bien allí. Tengo ciertas objeciones al respecto, pero sigo acudiendo. Eso es que siguen haciendo cosas bien.

Nenuco: Quizás el olor que durante más años me ha acompañado ¡Desde la cuna! Ahora lo compro a litros, incluso en el suavizante de la ropa. Sigue oliendo a patio del colegio, a limón, a “mira a los dos lados antes de cruzar y sigue mirando mientras cruzas”, a pupitre…

Movistar: Tengo una vinculación con esta empresa que va más por lo emocional. Pero es el caso típico de cagarla hasta el fondo en una relación. Leí que las empresas de telecomunicaciones en nuestro país están a la cabeza de las reclamaciones de los usuarios. Si fuera al OCU a lo mejor me daban un premio por la paciencia con esta marca. He aguantado muchos desplantes y errores de ellos. Este año me he ido con la competencia. Es un ejemplo de desgaste por mala relación cliente-empresa. En este anuncio, hacen una buena declaración de intenciones que no cumplen… lástima por la buenísima idea de los creativos.

Y esta es mi declaración de fidelidad. Las marcas no son tan distintas a las personas. Tienen personalidad propia y se generan vínculos de todo tipo.

Para cualquier relación, me remito a las palabras de Manuel Luque, director general de Camp: Busque, compare y, si encuentra algo mejor, cómprelo. Y que, a veces, lo que nos gusta es ilegal, inmoral o engorda… Y que, a veces, lo que nos gusta es ilegal, inmoral o tiene novia.

Sólo una sugerencia para los dos casos: Valora si lo que ganas es superior realmente a lo que pierdes.

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Madrid, Madrí, Madrit… (33/100)

Cuando Lola Flores llegó a Nueva York, un cronista la definió acertadamente: “Ni canta, ni baila bien. Pero no se la pierdan”.
Un poco así es Madrid; no es la ciudad más bonita de Europa, ni mucho menos. Ni la que más fotos-postales tiene… Pero no te la pierdas.

Hace unos días, descubrí un post de una empresa que hace visitas guiadas por la ciudad, con las 100 cosas que hay que hacer en Madrid antes de morir.
Me quedan unas 20 cosas por hacer de esa lista. Pero tengo un listado alternativo de cosas que sí he hecho. Y, en plan Lola Flores: “que me quiten lo bailao”.

1- Dejarme la rodilla en un bolardo por ir caminando sin mirar, 2- Quedarme dormida en el Corte Inglés mientras me hacían una limpieza de cutis gratuita, 3- Salir de fiesta con un amigo, negarnos a volver a casa y acabar en casa de un tío al que interceptamos por el camino (y que también se negaba a volver a casa) comiendo mientras nos contaba su vida y le dábamos consejos, 4- Dar una vuelta completa en la Línea 6 del metro; el circular, 5- Ir el 15M a la manifestación con ilusión sin imaginar que se convertiría en el 15M, 6- Estar 48 horas despierta y muerta de sueño, deambulando y riendo por Madrid, por haber conocido una noche a un chico y no querer ninguno despedirnos, 7- Preguntar a alguien de dónde es, que te conteste de “Palencia” y preguntarle si es con “P” sólo porque sabes que están hasta el rabo de esa pregunta, 8- Ir a un concierto de los Stones en el Vicente Calderón con la promesa de “puede ser el último concierto”, 9- Intoxicarnos con un pastel ruso y entrar a vomitar (por consejo del 112) al baño por turnos, 10- Hacerme la mística abohemiada viendo atardecer en Debod, 11- Pillar un taxi 5 personas, y que uno acabase dentro del maletero para cumplir la ley (no pueden ir más de 4 personas + conductor en un coche), 12- Pasarme de cervezas y acabar volviendo a la antigua casa donde vivía porque aún no tenía el hábito de la nueva, 13- Improvisar una cena en un balcón de 1 metro cuadrado, 14- Llevar la cartera con 200 euros que me encontré en el suelo, a la comisaría, 15- Mudarme de piso pero no de edificio; del 4º al 10º, 16- Salir de fiesta con un famoso y no saber quién era hasta varios años después, 17- Decidir ir al BBK el mismo día del concierto de RadioHead sin entradas, sin lugar donde quedarnos y sin saber si llegaríamos, 18- Vivir 1 año entero en una casa infectada de cucarachas y clausurar la cocina a los 15 días de entrar a vivir, 19- Ir a un concierto de REM y acabar conociendo a Michael Stipe

20- Encontrar un mueble de Ikea con ruedas en la calle, subirnos a él con intención de llegar a Gran Vía rodando y que se rompa al levantar los 3 los pies para ponernos en marcha, 21- Que me atracasen en plena Calle Serrano y convencer al tío de que no lo hiciera porque era estudiante y con ese dinero tenía que sobrevivir toda la semana, 22- Adoptar un gato en plena decepción amorosa (se puede medir el número de decepciones amorosas según el número de gatos que albergues en casa), 23- Empezar una bufanda, no saber parar a tiempo y ahora tener una manta estrecha, 24- Salir del Palentino con una olor a grasaza imposible de quitar por mucho que laves la ropa (es mas efectivo quemarla), 25- Ponernos en postura de Pantocrator Bizantino cuando pasa el coche de Google Maps, 26- Desayunar en la Mayorquina e ir a la casita del Ratoncito Pérez, 27- Que un amigo me pidiera que le cortara el pelo para ahorrarse 20 euros y acabar por afeitarle la cabeza por mi poca habilidad con las tijeras, 28- Quemar ruedas y tacos patinando (incluye caída aparatosa justo delante del monumento a La Constitución del 78), 29- Entrar a una cafetería a desayunar para hacer tiempo y darnos cuenta de que es un negocio tapadera (fueron a comprar café, porque no entendían que quisiéramos beber algo), 30- Ir al karaoke de los Mostenses y encontrar a varios famosos que cantan peor que nosotros, 31- Entrar con el pelo liso a la Estación de Atocha y salir de ella como un Jackson 5 porque están regando el Jardín Tropical, 32- Descubrir los huertos urbanos de Lavapiés y Malasaña y encontrar un huequecito de paz dentro del caos, 33- Comer unas croquetas en Casa Julio y mirar las fotos que U2 se hicieron allí…

CONTINUARÁ…

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¡Hadouken!

Hadouken; es uno de los gritos épicos del videojuego Street Fighter. Por lo visto el significado de la palabra es “movimiento de puño ondulatorio”´: soltar una hostia con una especie de bola que dejaba al adversario como para pedir una paguita al estado.

En contra de lo que puedan opinar algunos desentendidos sobre cómo influyen éstos en el comportamiento, hay otros estudios que afirman que estimulan el desarrollo cognitivo y dinamizan distintas zonas del cerebro.

Rara vez Alguna vez Varias veces pienso en la vida como un videojuego. Creo que Anthony Kiedis & cia. también…

En la vida te vas encontrando una serie de problemas a los que te tienes que enfrentar para salir airoso (y vivo) y no sólo adquieres experiencias, es que son entrenamientos para el futuro. En un videojuego, vas aumentando capacidades y habilidades, según vas pasando pantallas y matando a monstruos.

También pasa que encuentras cosas buenísimas: amigos, amor, familia, una vocación, la nómina, unas cervezas en una terraza… y pueden ser un fuerte apoyo y una alegría. En un videojuego, puedes encontrar objetos que parecen normales, pero que pueden salvar la vida a tu personaje en un momento determinado (quién me iba a decir que a Leon de Resident Evil, lo pude salvar con la ayuda de un mechero que llevaba guardando en la mochila esde la primera pantalla )

A lo largo de la vida, como en los videojuegos de superviviencia, te vas a encontrar con baches o pequeños monstruos con un objetivo: que desfallezcas. Ahí entra la destreza de la persona y la del jugador: o acabas con ello pronto, o te estás perdiendo lo que viene después.

En los videojuegos el gran monstruo final te aguarda en la última pantalla: has ido consiguiendo buenas armas, munición, un traje más resistente, mejores movimientos… y además ese monstruo tarda la hostia de tiempo en morir. Un mal paso y se jodió la partida. El final de la vida suele ser por la muerte de uno mismo y eso, en general, suele ser incompatible con dar un botón y resucitar (Nota del autor: dice la Biblia que pasó alguna que otra vez. Dudar de ello, por si acaso) A algunas personas, ese gran monstruo final les llega antes de tiempo: una enfermedad sin solución, la pérdida de alguien querido… pero hay que seguir luchando. Tu oponente puede ser muy fuerte, pero tu tienes el mando.

Alguna vez he pensado en el Tetris como una metáfora vital. Los problemas caen, pero si se colocan bien, eliminas la fila y sigues teniendo margen para actuar y seguir disfrutando.

Sobre todo, que eres el dueño de tu destino. En tu vida detrás de la pantalla y la de delante. Tomas decisiones, eliges, descartas… y eso es lo que va haciendo una historia. Eligiendo tu propia aventura. Siempre.

Y me he sorprendido gritándole a la pantalla, sola en casa; ¡Cabrón, jódete!, Toma ya, he adelantado al Audi, o ¿Pero desde dónde me están disparando?… Y a mí eso me alivia tensiones. Si lo hicieras en tu vida cotidiana, podrías ir con el culo apretado, rezando para que no te hostiasen.

Porque somos emoción para bien y para mal. Y aunque me encantaría ponerme delante de algunas personas y hacerle un ¡Hadouken!, seguramente ellos también están librándose de otros monstruos y está feo joderle a alguien la partida. La de su pantalla, o la de su vida.

 

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